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Hace 4.600 millones de años, la Tierra y nuestro Sol todavía no existían. Había miles de millones de estrellas en el cielo, en todas las direcciones, pero nuestro Sol estaba tomando forma como un disco enorme, brillante, giratorio y caliente, formado por trillones y trillones de toneladas de hidrógeno, de helio y de todos los 90 elementos presentes en la naturaleza. Alrededor de nuestro Sol infantil había una nube mucho más grande de estos mismos gases, polvo espacial, rocas y hielo, en varios miles de millones de kilómetros de diámetro, nube conocida como Nebulosa.

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Esta "Nebulosa Interestelar" procede de los restos de una antigua estrella que explotó, al final de su vida, al agotar su combustible nuclear. Los restos de la estrella se convierten en "escombros" arrojados al espacio por la explosión. Estos desechos se mezclan con los gases de hidrógeno y helio ya presentes desde la creación del universo, de forma que el combinado forma una enorme, aunque delgada, nube de gas, elementos sólidos, polvo, roca y hielo en el espacio.

La fuerza de la gravedad está compactando la nebulosa, volviéndose cada vez más densa. Por medio de la gravedad, una nueva estrella se está formando en su interior. ¡Y esa estrella es nuestro Sol!

La gravedad también está organizando la parte de la nebulosa fuera de la región central en pequeñas esferas de materia, que acabarán convirtiéndose en los planetas, lunas, asteroides y cometas de nuestro cielo nocturno. Llamamos a esta familia celestial un "Sistema Solar".

Una de las aglomeraciones de materia se está formando ahora delante nuestro. Es la Tierra.
Es joven y semiárida. Su gravedad está atrayendo más material de la Nebulosa cada día. Este material cae al planeta a una velocidad increíble (centenares de miles de km/h). Al golpear a la Tierra, crea una enorme fricción, lo suficientemente caliente como para derretir las rocas en las zonas de impacto. Como resultado de ello, nuestra joven Tierra está muy caliente. Su superficie está en plena ebullición, un caldero a una temperatura de más de 1.500 ºC. La lava está fluyendo libremente por todas partes, formando lagos y ríos ardientes.
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En el interior de la Tierra, la situación es aún más caliente. La Tierra está compuesta por todos los 90 elementos en la naturaleza. Algunos átomos, tales como el silicio, aluminio, calcio, potasio, cloro y oxígeno, son de baja densidad. Otros son elementos más pesados como el hierro, el níquel y el plomo. Algunos elementos son estables, sin embargo, otros son muy "inestables". Entre ellos figuran el uranio, el torio, el plutonio y el cesio. Estos elementos "radiactivos"son átomos muy inestables y, espontáneamente, se rompen en pedazos sin motivo aparente.

Mientras el tiempo pasa para nuestra joven Tierra, parte de los elementos radiactivos inestables de los que estaba compuesta, comenzaron a experimentar una desintegración radiactiva. Pero cada vez que un átomo radiactivo se desintegra, emite calor. Y el interior de la Tierra, la desintegración radiactiva era intensa. Este calor llegó a ser tan alto que el interior de la Tierra se fundió, formando una especie de harina pegajosa, calentada hasta una temperatura de millares de grados. Además, la superficie de la Tierra continuó siendo golpeada por los escombros que caían de los restos de la Nebulosa alrededor de ella, creando más calor con esta fricción.

La Tierra se está reorganizando. En su interior, los elementos pesados se están hundiendo por gravedad hacia el centro (en el núcleo) formando una pesada bola de hierro, níquel y metales pesados muy densos, y muy calientes. Los elementos más ligeros tales como silicio, oxígeno, aluminio, calcio y potasio, por el contrario, están subiendo hacia arriba, se eatán concentrando en la superficie. La superficie se está volviendo, en su composición, muy diferente del interior.

No hay, todavía, una atmósfera densa, y el agua no aparece en estado líquido, pues hace demasiado calor. El agua es abundante, pero la mayoría está atrapada en el interior del planeta, saliendo por medio de géiseres de vapor. Hay una atmósfera, pero todavía es delgada. Cuando el agua y los gases expulsados se incorporan a la atmósfera, el enorme calor eleva la atmósfera gaseosa hacia una gran altura, donde la gravedad disminuye. Consecuentemente, la atmósfera de nuestra tierra joven se está escapando, los gases se escapan hacia el espacio en grandes cantidades. No hay nubes, ya que hace demasiado calor para que el vapor de agua se condense en forma líquida, y en partículas de hielo de las que se componen las nubes.

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El aire de nuestro joven mundo tampoco es como el que estamos acostumbrados hoy. Los científicos todavía no están todavía muy seguros de la proporción de los gases, pero creen que los gases iniciales de nuestra atmósfera consistían en: hidrógeno, dióxido de carbono, vapor de agua, nitrógeno, sulfuro, metano y amoníaco.
No había oxígeno (no apareció en el aire hasta unos mil millones de años después). El aire de la joven Tierra, de hecho, era caliente y venenoso de respirar, y nos hubiera matado en segundos al inhalarlo.

Puesto que la densidad de material en una Nebulosa depende de su distancia al sol central, cada planeta que se forma en una nebulosa tendrá diversas características elementales. Cerca del sol, por ejemplo, el calor solar aleja todos los gases ligeros, por tanto, sólo los elementos rocosos o metálicos más densos pueden existir cerca del sol. Por tanto, los planetas que se forman cerca de una estrella son rocosos y metálicos, y tienen pocos gases. Sin embargo, más lejos hacia el exterior, donde el calor de la estrella está debilitado, los gases y el agua no se eliminan. Allí, la nebulosa es menos densa. Los planetas que se forman lejos de la estrella contienen no sólo rocas, sino también grandes porciones de gas. Se convierten en gigantes gaseosos. Los cometas también se pueden formar allá en el exterior, hechos a partir de roca y agua congelada.

En consecuencia, los elementos más pesados en la nebulosa original (y un poco de vapor de agua) son los que están más disponibles, para ser recolectados por la acción de la gravedad para formar nuestra densa y rocosa Tierra.

Después de 50 millones de años la nebulosa, de la que se ha formado, ha desaparecido de los alrededores de la Tierra. La gravedad la ha agrupado en planetas o el calor y la radiación, de nuestro nuevo y brillante Sol, ha evaporado sus gases y el polvo hacia el espacio exterior.
Se ha enfriado algo. Aunque las erupciones volcánicas son aún comunes, son menos frecuentes y más tranquilas. Su interior es todavía muy caliente, pero no lo es su superficie. El agua ha comenzado a aparecer en la Tierra en grandes mares.
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Ahora la Tierra es ya más amable para la vida, pero ésta todavía no ha aparecido. La atmósfera es de color amarillento. La temperatura es muy caliente la mayor parte del tiempo, pero soportable (es de alrededor 45 º C), y es muy húmeda. El agua se ha acumulado en diferentes cuencas, estanques, lagos y mares. Llueve con bastante frecuencia (de hecho, esa es la forma en que los lagos se llenan, mediante agua de lluvia).
No hay vida. No hay animales, ni bosques, ni peces en el mar. Es estéril. Sin embargo, hay esperanza.

Las condiciones en la Tierra han pasado a ser mucho más favorables para la vida. La atmósfera está engrosando. Cada vez se recoge más Nitrógeno. El agua, necesaria para la vida, está en todas partes. Las nubes empiezan a bloquear parte de las feroces radiaciones del Sol. Llueve muy a menudo, repartiendo agua a la sedienta tierra. La temperatura se ha enfriado. Sólo será cuestión de tiempo.

También podemos ver cientos de cráteres (agujeros de impacto) que se hicieron por meteoritos y rocas espaciales chocando en la superficie. Algunos de ellos rompen la corteza agrietada, lo que permite a la lava rebosar, y rellenar los agujeros. Otros están llenos de agua.

El gran impacto (formación de la Luna)

Algo está a punto de suceder. Un hecho que provocará un cataclismo total en nuestro planeta. Aunque, a la larga será un acontecimiento benficioso para la estabilidad del eje terrestre.

Según la Teoría del Gran Impacto, un planeta de gran tamaño colisionó con esta Tierra primitiva hace 4.450 millones de años.

La colisión eliminó la paz y la esperanza de este jóven mundo, quedando semiderruido en roca fundida. Atrás quedaron sus océanos y sus mares, la atmósfera y las tierras. Ahora, sólo queda la devastación.

Sin embargo, este hecho producirá el nacimiento de dos nuevos mundos, listos para formar una nueva Tierra… y nuestra Luna.

Alrededor de la Tierra, se encuentra el disco de escombros. La gravedad hará que todos estos se reúnan en lo que será nuestro satélite.

 

Estamos presentes en un momento crucial de la historia de nuestro planeta. En el interior del planeta, elementos pesados como el hierro, el níquel, el plomo y el uranio se están hundiendo, de nuevo, hacia el centro del planeta por la fuerza de la gravedad (como ya hizo antes, en el pasado, cuando se formó la Tierra a partir de la nebulosa solar original). Es la diferenciación de la Tierra de nuevo. Los elementos ligeros, como el silicio, el carbono, oxígeno, aluminio, etc., están siendo empujados fuera del camino por el hundimiento de los elementos pesados, y están siendo forzados a salir hacia la superficie. Se enfriarán, en la luminosa superficie, las rocas que hoy conocemos. El núcleo de la Tierra se está desarrollando de nuevo en una enorme bola caliente de hierro y níquel. Este hecho se convertirá en una de las características más importantes de la Tierra, y sin el cual, no estaríamos vivos. Esto es porque necesitamos un calor intenso en el núcleo de hierro, en el interior de la Tierra para mantener la vida.

Con el tiempo la Tierra se está recuperando del impacto. Su gravedad es lo suficientemente fuerte como para mantener los gases calientes cerca del suelo (dentro de una franja de 400 kilómetros) y para poder formar una atmósfera. También hay mucha agua en esa atmósfera, miles de millones de toneladas. Sin embargo, está demasiado caliente para que se pueda condensar en gotas  cerca de la superficie. Por el momento, por tanto, existe una espesa neblina transparente de vapor de agua. Podemos ver el vapor en el cielo.

El agua de mar está muy caliente. También es salada. La acción volcánica lleva consigo que grandes cantidades de minerales de las profundidades subterráneas salgan a la superficie, y los minerales se filtran en el agua, con la producción de sales de diversos tipos. Es similar a la acción mineral de los géiseres que se ven en Yellowstone, Islandia y otras zonas volcánicas.
En algunas zonas volcánicas, los géiseres de vapor caliente y cargados de minerales, lanzan un de chorro de agua cada pocos minutos y provocan un color blanquecino en la tierra a cientos de kilómetros.
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Después de 500 millones de años, la atmósfera se ha hecho mucho más gruesa y se ha enfriado lo suficiente como para permitir que el vapor de agua se condense en gotitas líquidas (nubes). Hay mucha agua evaporada que da como resultado todas esas nubes, y por supuesto, la lluvia. Está lloviendo ahora en la Tierra. De hecho, llueve mucho.

El agua que estamos viendo proviene de dos fuentes. En su interior, la Tierra contiene una enorme cantidad de agua, que se formó cuando se reunieron sus componentes a partir de la nebulosa original, que sale a la superficie a través de las erupciones volcánicas. Miles de millones de toneladas de agua están regresando a la superficie, ventilando el magma interior del interior.

La segunda fuente de agua proviene de los cometas. Los cometas son bolas de roca y hielo que se formaron también a partir de la nebulosa original, al mismo tiempo que todos los demás objetos del Sistema Solar. Los científicos creen que en los primeros mil millones de años después de que nuestro Sistema Solar quedara formado, los cometas eran tan abundantes que los impactos con planetas como la Tierra fueron muy frecuentes (por ejemplo, de 3 a 5 impactos al día), y algunos cometas son pequeños, pero otros son grandes. Cuando un cometa impacta sobre la Tierra, toda el agua que contiene en su hielo se derrite en el momento del impacto y de inmediato se convierte en parte del agua de la Tierra. Por tanto, algunos científicos estiman que hasta un 50% de toda la cantidad de agua que hay en la Tierra proviene de los impactos de los cometas. Así, como cada uno de nosotros contiene un 70% de agua en su interior, entonces, más de 1/3 del peso corporal de cada uno puede ser agua procedente de los cometas.

La vida no aparecerá hasta el Eón Arcaico del Precámbrico (todavía faltan cientos de millones de años). Esta vida estará formada inicialmente por bacterias primitivas. No habrá plantas, animales, peces, pájaros ni insectos. Sin embargo, la vida llegará a evolucionar.

Las primeras plantas serán algas, viviendo en la mar salada y en lagos de la Tierra. Cuando las algas se extiendan, un nuevo proceso químico tendrá lugar en la Tierra, un proceso conocido como "fotosíntesis". En este proceso, las plantas utilizan los minerales del suelo o el agua y el dióxido de carbono del aire para capturar la energía de la luz solar. Esta energía se convierte en azúcares (comida) para la planta. Uno de los "residuos" de productos de esta reacción química es el gas "oxígeno". Con este proceso se iniciará la recogida de oxígeno en la atmósfera de la Tierra. Se irá produciendo, y produciendo, hasta que llegará a convertirse en el segundo elemento más común de la atmósfera.

La Tierra se está convirtiendo en un lugar mucho más agradable. Contiene agua en la superficie, lluvia y tierra sólida. Cubre el 70% de la Tierra hoy en día, con una profundidad media de 3 km. La acción volcánica todavía es extensa, pero está empezando a disminuir. El planeta todavía sufre terremotos cada pocos minutos, existen muchos volcanes en erupción y la gravedad lunar fractura la superficie, pero estos inconvenientes ya no son tan graves. La atmósfera es más espesa, con alrededor del 70% de la densidad que tenemos hoy en día. Todavía es una mezcla de gases que serían venenosos para nosotros, pero durante los próximos cientos de millones de años, los gases cambiarán.

Además, el agua es salada porque contiene minerales arrastrados hacia los océanos procedentes de los suelos por los que transcurren los ríos. Afortunadamente, eso es bueno. Los océanos proporcionan agua y minerales para que la vida los vuelva a utilizar. Se conjetura que la vida en la Tierra comenzó en sus océanos, cerca de manantiales de aguas termales volcánicas calientes, en lo más profundo del océano.

En la Tierra llueve mucho. Toda el agua que se evapora por causa del calor y la luz solar se eleva a la atmósfera, se enfría y se condensa en gotas en las nubes. Cuando las gotas se vuelven demasiado pesadas, llueve o nieva. Éste es un hecho maravilloso que convertirá al planeta en el hogar de millones de especies vivas.

Créditos: las imágenes originales de los períodos geológicos han sido creados por Roberto Basso para Celestia.