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El Triásico marca el comienzo de la era Mesozoica, también llamado "la era de los reptiles" debido a la aparición de los dinosaurios y otros grandes reptiles que dominaron el planeta durante 165 millones de años.
Hace 251 millones de años, el supercontinente Pangea II, formado a finales del Paleozoico, reunía la práctica totalidad de las tierras emergidas.
Los continentes Africa y América del Sur estaban juntos, con una intensa actividad magmática al límite de los dos continentes.
En el Triásico Tardío (aproximadamente 208 millones de años) comienza a producirse el desmembramiento de Pangea II en tres partes, Eurasia-América del Norte, Africa-Sudamérica y Antártida-Australia-India. El desarrollo del océano Pacífico y mares someros permitió que corrientes ecuatoriales se desplazaran hacia los polos, produciendo un mejoramiento climático en todo el planeta, con temperaturas más cálidas y húmedas, las que favorecieron ampliamente la vida de los dinosaurios.
El continente Cimérico o archipiélago que estaba unido a Gondwana se separa de éste durante el Triásico superior- Jurásico inferior y colisiona con el sur de Asia, destruyendo el mar de Tethis y formando el neo-tethis.
Posteriormente este nuevo mar fue destruido al chocar África y la India con Europa y Asia formándose los mares Caspio, Mediterráneo y Negro.
La ausencia de orógenos nuevos y la erosión de los formados durante el Paleozoico dio lugar en las plataformas continentales a una intensa sedimentación carbonatada característica de los mares cálidos y someros.
El clima de este período está influido por la presencia del supercontinente Pangea II. Un continente tan extenso presentaba unos contrastes climáticos muy importantes: en las zonas litorales había humedad suficiente y temperaturas moderadas; pero el interior había un clima muy seco y continental, lo que favoreció la existencia de grandes extensiones desérticas, situadas en los cálidos trópicos, ideales para los reptiles.

En general, en este período, el clima de la Tierra fue seco y árido.

El Triásico marca la aparición de los antepasados de los primeros mamíferos, pero poco se sabe acerca de su fisiología. Entre los invertebrados, los insectos estaban representados por la primera especie en experimentar una metamorfosis completa, atravesando las fases de larva, pupa y adulto. En los mares había belemnites similares a calamares, ammonites y crustáceos.

Los ammonites fueron extremadamente abundantes en los mares del Mesozoico. Surgieron en el Triásico y se clasifican en el grupo de los moluscos cefalópodos, tuvieron tamaños diferentes y una forma similar a los calamales actuales, aunque con una concha.
Foto izquierda: plagiostoma striatum.

Como quedaban tan pocas especies, el principio del Triásico fue una época de grandes cambios. Algunos reptiles mamiferoides sobrevivieron desde el Pérmico hasta el Triásico. Sin tanta competencia de otros herbívoros y sin grandes océanos que cruzar, éstos rondaban a sus anchas por la Pangea II. El grupo de estos reptiles más desarrollado, los cinodontos, dio origen, hace unos 215 millones de años, a los mamíferos. Estos eran pequeños animales parecidos a musarañas, que probablemente cazaban de noche, atrapando insectos y otros animales diminutos.
Los mares del Triásico estaban muy concurridos. Los reptiles nadadores se impulsaban con las cuatro patas y capturaban peces con sus afilados dientes. Los ictiosaurios parecidos a delfines, nadaban en aguas poco profundas en todo el mundo en el Triásico. Pero el grupo de más importancia de reptiles fue el de los arcosaurios. Incluían a los tecodontos, cocodrilos, dinosaurios y pterosaurios. Los tecodontos, los reptiles más importantes del Triásico, dieron origen a los demás arcosaurios. Uno de los primeros grupos de dinosaurios fue el de los sauristiquios.

Durante el triásico medio aparecen los pre-dinosaurios, que comienzan a caminar en dos patas y adquieren un mejor campo de visión, mayor velocidad y tienen sus manos libres para atacar.
La mayoría de los dinosaurios aparecen a finales del Triásico, colonizando rápidamente el planeta. Destacan el Terópodo y el Prosaurópodo
Las aves presentes en este tiempo eran reptiles pequeños que realizaban vuelos de árbol en árbol. Las alas no tenían plumas. A este grupo pertenece el pterosaurio .
El agua estaba habitada por el notosaurio (de afilados dientes, cabeza pequeña y alargada que medía 4 metros) y el ictosaurio (similar al delfín y con una longitud cercana a los 15 metros). Se alimentaban principalmente de pescados y moluscos.
Al final de este período hubo otra extinción masiva, más pequeña, aunque acabó definitivamente con los reptiles mamiferoides, los tecodontos, los rincosaurios..., dejando así el escenario preparado a los dinosaurios, que empezaban su dominio de 165 millones de años en el planeta.

La flora durante el triásico superior estaba formada principalmente por helechos, equisetos y gimnospermas primitivas. Entre estas últimas destacan las cicadophitinas (actualmente sólo quedan 21 especies de estas plantas, todas con distribución tropical). Otro grupo abundante fue el de Ginkgáceas (sólo queda actualmente Ginkgo biloba).

Al principio, los helechos vivían bajo el dosel umbrío de los gigantescos licopodios y equisetos. Los helechos se hicieron mucho más altos hasta alcanzar a veces los 30 metros de altura. Durante el período Triásico, sustituyeron progresivamente a muchos de los licopodios y equisetos gigantes de las épocas anteriores, más húmedas.

La flora de Laurasia estaba adaptada al clima seco y cálido. Destacan las cactáceas, las palmeras y las coníferas. Los helechos se adaptaron a las zonas húmedas al igual que las palmeras. Gondwana, era mucho más húmeda por lo que presentaba una vegetación abundante de helechos gigantes y grandes coníferas.

 

Créditos: las imágenes originales de los períodos geológicos han sido creados por Roberto Basso para Celestia.